miércoles, 2 de abril de 2014

Lo que somos cuando estamos muertos

 “Mi padre decía que la razón de vivir era prepararse para quedarse muerto por un largo rato”. “As I lay Dying” comienza con esa sentencia en voz de Addie Bundren, una matriarca sureña con cinco hijos: Darl, Jewel, Dewel, Cash y Vardaman. Anse, es el esposo. Un hombre al que poco se le entiende debido al mal estado de su dentadura y al acento sureño.
Esta película, basada en la novela de Faulkner y dirigida por James Franco, es la historia de una familia, que como muchas, lo único que los vincula es la madre, o peor, su muerte. La cinta corre con ella que, aún agónica, escucha la sierra que el mayor de sus hijos usa para cortar la madera de su futuro féretro. Pese a su título, traducido en España como “Mientras Agonizo”, se cuenta la historia de alguien que ya murió y que precisamente por ello ya no veremos más, no obstante, su presencia es tanta que hasta huele. “As I lay Dying” es un road movie devastador. La familia debe llevar el cuerpo de la madre al pueblo natal para que tenga digna sepultura junto a los suyos, tal y como prometió hacer su marido. Bajo ese juramento, emprenden un viaje tortuoso con miles de obstáculos en el camino, como si morir hubiera sido lo de menos. “¿Por qué no me llamaste antes?”, reclama el médico a Anse. Nada supuso un impedimento para ese gran meta que es morir.

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El río está desbordado y hay que cruzar con la carreta. El padre, la hermana (Dewel) y el pequeño logran cruzar andando, los demás cruzan con la madre, los caballos y el vehículo. Un tronco enorme se interpone, la carreta se rompe, el féretro navega unos minutos y, mientras todo esto sucede escuchamos un soliloquio de Addie a propósito de las palabras y la vocación que poseen de ser tan sólo recipientes.

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Recordé ese otro enorme road movie de Buñuel, “Subida al cielo”, filmada en México y en donde también hay una matriarca moribunda y el ataúd de una niña muerta en un camión atascado en un río. Por supuesto, el tono es otro, en Buñuel es todo humor negro y en este otro caso, en el encadenamiento de desdicha no hay tregua y muy probablemente tampoco queremos que haya. Pareciera que todos estuviésemos pugnando la misma pena.

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Al principio hay una escena en la que Vardaman, el hijo más pequeño, viene cargando un gran pez que encontró en el puente. Se lo muestra a su padre y él le indica que vaya a limpiarlo. Antes de eso, atestiguamos cómo Jewel, en solitario, logra domar a un caballo salvaje. Cuando están casi listos para partir, ya con el cadáver en la carreta, Vardaman le dice a su hermano Darl (interpretado por James Franco extraordinariamente dirigido por él mismo) “mi mamá es un pez”, Darl responde “la mamá de Jewel es un caballo”, “¿qué es tu madre”, pregunta el pequeño a Darl, “nada, yo no tengo una”. Acaso todos somos huérfanos de distinta madre aunque nos haya parido la misma.  


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La pueden ver acá y acá



3 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Es una chulada. Realmente no sé por qué nadie, ni yo, lo menciona.

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  2. Nunca había pensado en 'Subida al cielo' como una 'road movie', ¡tonto de mí! Favorita.

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