domingo, 6 de enero de 2013

Notas para iniciar el año y otras cosas que ni al caso

- El año pasado lloré mucho. Nunca había padecido al amor como una suerte de destapacaños. Me gustó.

- Odio tener y, más aún, enlistar y hacer públicos los propósitos (o "resoluciones" como los llaman en el portal gringo para el que trabajo) de año nuevo. Me parecen una mezcla de ingenuidad y pedantería. Sin embargo, en esta ocasión siento una fuerte necesitad de abandonar algunas muletillas, eso y el uso de ciertos superlativos. Esto por sugerencia de un artículo que leí en una revista para mujeres: "Cosas que hay que hacer antes de cumplir 35". El listado era, obviamente, frívolo e irreal, pero ese punto me pareció sensato y me gustó para adoptarlo. 

- Me gusta mucho leer de esas revistas en los aviones. Es como un ritual personal con el rindo tributo a esa otra chica ordinaria que soy. 

- Mi highlight de 2012 tiene el cabello rubio. Lo conocí en un bar hace casi un año y ahora viven conmigo él y sus cuatro gatos. 

- Hace poco compré un par de libros para una pareja amiga de nosotros que nos dio morada recientemente en Nueva York. Suelo regalar libros de poesía que yo misma no he leído pero que en el fondo deseo mucho. Es como mi manera de gritar "sálvate tú".

- "Mientras menos se desea, menos se sufre. El capitalismo neoliberal, tan dependiente del consumo, es casi un infierno budista", leí hace poco en esta cuenta de Twitter. Ese tuit dio vueltas en mi cabeza durante nuestras vacaciones en Nueva York. 
 Estábamos en Other Music, cargando un montón de discos, cuando le digo a G: creo que vamos a comer vinilos todo el 2013, claro que no, me responde sonriendo. Cuando llegamos a casa a por fin abrazar nuestra bendita rutina, descubrimos que el cable del tocadiscos ya no servía.