domingo, 24 de abril de 2011

Emorabilia

No sé por qué encuentro algo de místico en lavarme los dientes y luego tomar medio Tafil con el agua que tengo en una mesa pequeña que hace las veces de buró. Pero antes de que esto ocurre disfruto de ver, mientras me los cepillo frente al lavabo, que en el baño conviven más de dos cepillos que me recuerdan a sus amos ex profesos. Pienso en ellos y me reconforta saber que como yo, no son capaces de viajar y traer consigo su cepillo del diario (bueno, uno siempre con la urgencia de hermanarse con la torpeza).

Luego, supongo, terminaré por guardar cada uno en bolsas ziplock con el nombre de su dueño y vivir el gozo de poseer otro registro inútil.


¿Las pastas de dientes para niños todavía saben a chicle?