miércoles, 26 de enero de 2011

Didáctica del ridículo


/Cuando estaba en el kinder, mi maestra de tercer año nos dejó de tarea llevar al día siguiente ropa y objetos de adultos que estorbaran en nuestros hogares. Así pues, a la mañana siguiente llegamos con nuestros harapos. La profesora nos vistió a las niñas de señor y a los niños de señora para luego hacer un recorrido por las demás aulas y luego hacer un paseo al rededor de la manzana en donde estaba nuestra escuela.

Recuerdo a unos de mis compañeros vestido con una bata café de viejita y un sombrero de Pique (pues en ese momento acontecía el mundial de México 86) , con la mirada perdida entre la serenidad y la resignación.

Hoy que recordé ese episodio me dieron ganas de buscar a ese ex compañero y abrazarlo. De aquí en adelante retomaré su imagen para convencerme de que todo irá bien.



Purity Ring, “Ungirthed”



Foto: “No lloren por mí, ya estoy muerto”, un Barney Gomez en la Roma.

jueves, 6 de enero de 2011

¡Mesero *espacios en blanco* en mi sopa!

Siempre es bonita la poética de ejecutivo de medio pelo que come en una fonda. A mí me gusta comer en una que está Reforma; me agrada porque mantiene ese equilibrio entre el ambiente laboral y el turístico ya que presumen ser la mismísima cuna de la tradicional torta, me gusta también supongo, porque me sigo sintiendo en esta ciudad un poco turista, una turista siempre de luto. Me gusta aunque no haya postre como en las clásicas comidas corridas, ese postre que, como dice Mole, es la alegoría de que "la intención es lo que cuenta". Acá si bien te va te dan un pulparindo o una palanqueta en la canastita en la que te llevan la cuenta, la que por cierto a diario arroja la misma cantidad. Hasta ocioso debe parecerle al mozo que me atiende que la pida siempre bajo los mismos estándares que el rito requiere, una fanfarronería de mi parte, vamos.

El otro día, un hombre como de cuarenta años se acercó a presentarse, decía estar de vacaciones y ser de Torreón. Muy amable y torpe él. Y aun cuando eventualmente lleguen norteños a intentar establecer un diálogo para luego llevarse, si bien les va, sólo mi nombre y mi oficio a medias, me gusta mucho ingerir mis sagrados alimentos sola.

Aunque una vez al mes sienta la necesidad de llevarme unos muñecos y sentarlos en mi mesa.




Foto: Cerca de mi trabajo, a la hora de la comida, en los preparativos para el Bicentenario.