
/Debí haber estudiado filosofía y no letras. Por ello estoy pensando seriamente en regresar a la escuela para volver a no entender nada. Me urge, por ejemplo, un curso de lógica que me ayude a entender el concepto generalización. El otro día, comentando los desplantes de diva cabaretera venida a más de uno de los artistas capitalinos que seguido viajan a Guadalajara, dije: “pobres artistas” seguido de una retahíla de enunciados sobre la egolatría que caracteriza a los jóvenes creadores. Y cuando eso pasa, mi interlocutora no pierde la oportunidad de irse a la yugular argumentando que no todos son así y que eso de generalizar es la peor de las sinrazones. Y puede ser, supongo. Porque qué infamia sería hablar de los piropos y comentarios lascivos de los albañiles o de cómo Todorov se atrevió a denunciar a sus “compañeros” (del gremio de las ciencias sociales y humanas) -en el prefacio de Nosotros y los otros- su divorcio encarnado entre el decir y vivir.
“No todos los intelectuales son incongruentes, Tzvetan”, le diría ella.
Foto: Eventualmente, aventurero lector, no gozo de buena fortuna.