jueves, 4 de noviembre de 2010

Corazón damnificado


/Hoy platicaba con Issa sobre la fascinación que tenemos por la gente, así tal cual, “soy de esas alimañas que les gusta TODO lo que ven”, me decía. De esa tendencia a conservar pedacitos de todos, como coleccionismo de personas. Sin el afán de que este sea el blog de “Mi vida con relación a lo que opina mi amigo P.”, me acordé de lo que me dijo un día con respecto a eso:


Concentra la energía que le entregas a decenas en menos personas, esa fascinación por las masas es terror de intimidad, es un pánico de poner los huevos en una sola canasta (por puro pavor a la pérdida), entonces decides darle un huevo a cada gente que conoces y así tener mil velitas prendidas para tu oscuridad.


Ahora, si me lo permiten, procederé a tomar mi cena de galletas de avena y Tafil, y luego morir lentamente.


/Perfume Genius, “Learning”



/Imagen robada del tumblr de Laura.

3 comentarios:

  1. Mil velitas...

    Me gustó este post, porque en realidad es verdad como muchas luces, pueden iluminar más que un farol, sólo. Bueno de todas maneras, que siempre cargo un encendedor.

    saludos

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  2. peter broderick me preguntó por tí, búscalo

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  3. Tal vez no tiene nada que ver, pero me hiciste recordar lo que mi amigo K. siempre me ha dicho sobre las relaciones humanas:

    ¿Para qué estar de pie cuando puedes estar sentado?

    Este lugar me abre el apetito (musical y tafilmente hablando). Mejor ya cierro la puerta.

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