sábado, 4 de septiembre de 2010

Yo amo a Guadalajara, ¿y tú?


Yo digo que, más que ser una zona de confort, la rutina es muy seductora. Luego por eso soy re mala para viajar. Crear un plan para cada día desgasta. Por eso me gusta -con todo respeto al manifiesto situacionista- hacer los recorridos siempre por las mismas calles. No me sale salir a Insurgentes si no es caminando por todo Tlaxcala, aunque siempre olvide que hay un lavacoches que invariablemente me dice “buenos días” viéndome a las tetas, o pase frente a las narices de los chicos que atienden el café que está en la esquina con Medellín, quienes ya saben hasta mi nombre, con vaso de Starbucks en la mano.

El asunto es que hace unos días, en ese trayecto ando cuando de pronto veo un automóvil negro estacionado en una esquina tapizado de post its de colores fosforescentes varios. Sí: un legítimo coche del amor. Lo rodeaban varias mujeres en batas blancas –por ahí también hay una clínica del IMSS- que reían sonrojadas. Honestamente, sólo conocía este fenómeno de oídas. Sabía de quienes tenían este tipo de detalles para sus amados. Sé también que existen ‘agencias’ que prestan el servicio de enviar a un individuo enfundado en una botarga de ardilla o conejo o de lo que el cliente solicite, para llevar un mensaje de amor a su enamorado en donde quiera que éste o ésta se encuentre. Cuando estudiaba letras, mi novio de entonces me amenazaba con contratar el dichoso servicio: “si sigues molestándome te voy a mandar una botarga a la facultad”, con la intención de humillarme, supongo.

No sé nada de detalles para demostrar afecto, ni del afecto en sí. La gente tan distraída como yo no sabe de gestos bonitos más allá de un apretón de mejillas o de una felicitación en Facebook, o del “yo pago esta ronda” en una borrachera. Si alguien tuviera hacia conmigo el detalle del conejo humano, los post its, o los fetiches cliché del 14 de febrero, la historia entraría en mi tag personal –que a su vez robé de Tonto Simón-: detalles neuróticos por los que nunca me enamoro.

El otro día alguien me dijo, previos segundos de silencio, que sentía algo muy cercano al morbo cuando se enteraba que una pareja perfecta y de ensueño se separaba. Sentí que los ojos de me salían de la conmoción, pues es algo que toda la vida he sentido y nunca lo había confesado. Fue como si con ese testimonio me hubieran llenado el corazón de post its.


/Bonus track:

He escrito cartas de amor, eso sí. En el reino del revés, esto sería una.


Foto robada del Factbook de Isis. Esos son detalles de alguien que ama y no chingaderas. Y porque más que amar Guadalajara, se le extraña, a veces.

6 comentarios:

  1. Yo ayude a una amiga (Graciela) a llenar la camioneta (no carro) del tipo en turno (cabe mencionar y esto es muy importante, que el tenia una relación “seria” con la mujer con la que había engañado a mi Graciela durante meces y que ahora engañaba con Graciela).
    A la hora ya estaba harta y de mal humor preguntándole por qué no se le ocurrió mejor regalarle una noche de pasión en un motel.
    5 paquetes de 400 post it, fueron necesarios. DIOS SANTO!!! Además de tener que esperar la madrugada para poder distribuirlos sin temor a ser descubiertas. La recompensa vino después, cuando por la mañana no solo él se sorprendió con el “detallazo” también su novia que al parecer había dormido esa noche en su casa, obviamente no le fue posible arrancar a tiempo los 2000 post it y tuvo que dejarla en su trabajo en la camioneta que otra había “decorado” para él.

    Graciela no dejaba de lamentarse y yo de reír.

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  2. Yo no paro de reir ahora. Buenísima la anécdota de Graciela, aunque un poco fatídica.

    Lilián, yo la verdad es que lloro de gusto cuando te leo.

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  3. Como se nota que es lunes y que mi emotividad carece de vergüenza: no, no sé qué hay en tus últimas líneas que me conduce tan al llanto.

    (...)

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  4. Sobre la separación de los amantes: yo también, yo mucho, yo también.

    Quizá yo rebaso el morbo. Siento una franca paz. La vida se muestra como es (culera y finita) y eso uno nunca termina de apreciarlo lo suficiente.

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  5. Yo te quería invitar un pozolito para tu cruda del 16 de septiembre, pero se me hizo muy cursi.

    Ahí para la próxima, intentaré pegarle un chicle a la puerta cerrada saliendo.

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  6. Oh, fotita. ;)
    Creo que rentaré una botarga del tigre Toño para que me acompañe en mi desayuno no grriquísimo.

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