jueves, 5 de agosto de 2010

Del huir y la vacación


La primera vez que me emancipé de la casa de mis padres, lo hice principalmente porque me sentía segura económicamente para emprender el viaje a la tierra prometida de la independencia. Acababan de contratarme en una revista que apenas comenzaba, no me pagan tan mal y el trabajo era, a decir verdad, muy divertido, de hecho, divertido en demasía, por lo que, como suele suceder en la sagas de la industria editorial de este país, la revista nunca pudo conseguir anunciantes y quebró, si mal no recuerdo, a los dos números.

Luego de unos días de pánico, pues acababa de adquirir el compromiso de pagar una renta y hacerme cargo de mí misma, encontré trabajo en otra revista que ya tenía sus cinco añotes en circulación, y comencé mi ancho y ajeno camino a la vida de los compañeros de casa, la del no tapar la pasta de dientes, la de los regaños por no sacar la basura a tiempo, la del forjar con la puerta abierta, la de los manjares a base de atún enlatado, y todas esas maravillas de la juventud en vías de autocontrol y autonomía. Claro que, aún así, no dejaba de agradecerle al cosmos haber puesto en mi camino el proyecto de la revista fallida pues, de no haber existido, tal vez nunca hubiera tomado la decisión de agarrar mis caguamas e irme con mi son a otro lado fuera el nido materno.

Más o menos así es que ahora me encuentro en este punto. Vine al DF porque era necesario que saliera de Guadalajara, las razones no las enumero porque en primer lugar qué hueva y en segundo no vienen mucho a cuento. Una oferta de trabajo de revista chilanga hizo que tomara la decisión de abandonar el terruño por un rato y heme ahí, trabajando de nueve a siete con su emblemático receso de dos a cuatro. Saberme sometida en ese horario estando acá me hacía añorar cada día más la playa. Nunca fui como la mayoría de mis allegados quienes en vivo y en directo y sin ir a antes comerciales deciden escapar un fin de semana a la costa de Jalisco y si un poco se fisura el plan, hasta se quedan días extras. Yo no pertenezco a esa especie, pero estar a su lado y vivir siempre cerca de la posibilidad, me mantenía en una cuasi vacación mental.

Hace dos días y a dos meses de haber llegado a ciudad capital, decidí renunciar a mi empleo, los motivos que me orillaron a hacerlo no los enumero porque en primer lugar qué hueva y en segundo no vienen mucho a cuento.

Luego de unas horas de pánico, pues apenas llega este fin de semana la mudanza con mis caguamas y demás objetos al departamento en donde al fin me estabilizaré, encontré algunas tareas remuneradas sin horario de oficina de por medio. Creo que es hora de comenzar a agradecer la oferta de trabajo de la revista que me sacó del lugar en de donde necesitaba salir. Y ahora, sin el nueve a siete, capaz que hasta a la playa me escapo.



“Vamos A La Playa”, Cibo Matto

Beau Mot Plage (Freeform Reform Pt.1&2) “, Isolée

“Playas”, Helado Negro

“Playa de silencio”, Silvania

Beach Girls”, Sleigh Bells

King Of The Beach”, Wavves

Beach Town”, Le Loup

Let's Rock The Beach”, Real Estate

Nude Beach”, Nude Beach

Beach on the Moon”, Kurt Vile

“Redondo Beach”, Patti Smith

The Beach At Redpoint”, Boards Of Canada

“Hacienda del Mar”, Kixly



Descargar acá


La foto es de aquí.

3 comentarios:

  1. Como siempre soy fans de tus playlist. Nomás la de Chumel no la pude bajar nunca. Váyase a la playa, que al cabo el DF estará ahí esperándola siempre ;-)

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  2. Buh, qué raro quue no la pudieras bajar. Luego haré una especial para el Locutorio M ;)

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  3. Los motivos que me orillaron a darte un portazo no los enumero porque en primer lugar qué hueva y en segundo no vienen mucho a cuento.

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