viernes, 25 de septiembre de 2009

Saicodelic güirdou

/Aunque no lo parezca, no soy del tipo de banda que narre vida, obra e intimidades varias en su blog, eso no está ni bien ni mal, namás que no es usanza la mía develar ciertas cosas, y más que por una cuestión personal, lo hago por respeto a los personajes involucrados; pero, PERO, hay algunos de éstos que se la ganan con sangre, sudor y lágrimas. Chequen: eres un dud casado y con una hija, acosas por todos los medios a una vieja que, por supuesto, ni te fuma y, como cereza del pastel, le tiras la onda a su mejor amiga. Increíble, lo sé, pero es un caso de la vida real.

Como diría mi padre: ¡ah… raza!

/Afortunadamente existen cosas igual de güirdas, no obstante bonitas, por las que vale la pena seguir gimiendo y llorando en este valle de lágrimas:

“Woof Woof”, Dan Deacon



La foto es de acá.

martes, 22 de septiembre de 2009

Hoy tuve un día cuasi libre

El domingo pasado mi amigo R y yo entramos a ver un brodio romántico protagonizado por Renée Zellweger, que dicho sea de paso, me cae muy bien. New In Town, se llama –creo–, y pues tal cual: un bodrio. Ese día, como muchos otros domingos e incluso días entre semana, estaba in da mood para bodrios, últimamente soy especialmente condescendiente con ellos; sobre todo porque no aspiran a ser otro cosa que lo que son: bodrios. Cuando eres mujer en los linderos de los treinta, las comedias románticas tienen funciones muy específicas, mismas que no enumeraré porque me da hueva y este es mi blog y lloro si quiero. En fin, tengo un top 5 de comedias románticas, ¿tú no?

5.- Legally Blonde (2001). Escena favorita: Elle se presenta con sus compañeros genios sentados en los jardines de Harvard.

4.- How To Lose A Guy In 10 Days (2003). Escena favorita: la joven pareja se empeda en la gran fiesta y toman el micrófono para cantar y decirse “sus verdades” cual coplas de la época de oro del cine nacional.

3.- When Harry Met Sally (1989). Escena favorita: el parodiadísimo orgasmo fake.

2. Bridget Jones's Diary (2001). Escena favorita: Bridget se disfraza de coneja playboy por error.

1.- My Best Friend's Wedding (1997). Escena favorita: ésta: LA AMO.


Menciones honoríficas:

28 Days (2000). Escena favorita: la heroína, Sandra Bollock, habla con su tutor del centro de rehabilitación para decirle que ella tiene que beber por una sencilla razón: es escritora.

The Devil Wears Prada
(2006). Sería mi favorita si no fuera por su final maniqueo y moralino. “Uy, uy, uy, fuchi la frivolidad de la moda. Mejor me regreso a mi empleucho equis de reportera de cultura o política”. Crap.


* * *

Ya en serio. Antes de que empezara el bodrio, proyectaron un spot conmemorativo al bicentenario de la Independencia de México. Sé que para muchos, el mío, es un planteamiento obvio y primario, pero: ¿por qué, por qué?, ¿por qué seguir alimentando el chovinismo y el patriotismo tan nocivo para un pueblo –tan de por sí- carente de identidad, bajo la consigna “el orgullo de ser mexicano”? Más aún con esa manipulación sentimentalista que exhorta a la población a situarse en una resignación guiada por un orgullo mal entendido, muy parecido al que Ismael Rodríguez retrató: soy pobre, por tanto: bueno, por tanto: digno del reino de los cielos, o sea: si soy mexicano tengo pase directo a la gloria, con sólo sentirme orgulloso de serlo.
Es como decir “qué orgullo ser mujer”. Nací mujer y ya, nací mexicana y ya, es sólo una condición natural, no algo de lo que se deba sentir orgullo. No imagino escuchar: “soy hombre y brasileño, qué orgullo”. Esta caminata seguía hoy por la tarde cuando me topo aquí, un artículo a propósito del polémico penacho de Moctezuma, en donde se citan un par de textos de Hugh Eakin: Whose Culture? The Promise of Museums and the Debate Over Antiquities (2008) y Who Owns Antiquity? (2009), publicados en The New York Review of Books, en los que arguye sobre el patrimonio arqueológico que poseen algunos gobiernos en donde existen reliquias de distintas culturas y su derecho a tenerlas, argumentando que “las piezas arqueológicas recién descubiertas dejen de pertenecer a los países. Sus dueños somos todos, es la Humanidad –que debería estar representada por una institución distinta del Estado. Esto debilitaría los vínculos estéticos entre el pasado glorificado y la amenaza nacionalista de los países actuales, y generaría el cosmopolitismo y el pluralismo cultural necesarios para crear un nuevo tipo de ciudadanos del mundo”. Y pues, eso.

sábado, 19 de septiembre de 2009

Sí, ¿y?

Por ejemplo, no me avergüenza decir que, lamentablemente, tolero más una raya a las cuatro de la madrugada que unos tacos de arrachera a las dos. Tampoco que en algún momento de mi vida pesé 72 kg y, en otro, 48. Ni que la virginidad la perdí a los 19 años mientras que el promedio de mi generación fueron los 16. No me avergüenza decir que me gusta The Beatles, pero que no obstante me incomodan la beatlemanía y la beatlefobia. Tampoco que por lo general no suelo quedar como amiga de los ex novios y ex amantes, ni que en ese punto hay honrosas excepciones, ni que en vivo he visto a Madredeus, Bel Canto, Oasis, NOFX y Coldplay. ¿No has visto el video de "Strawberry Swing" de Coldplay? Uf.



lunes, 7 de septiembre de 2009

Pictures of me

Es lunes y me fumé un cigarro y medio en todo el día. Hacía casi dos semanas que no dormía en mi cama y no ponía un pie en la oficina. Alguien dejó sobre mi escritorio tres fotos del pasado, análogas -ahora mías- de mí, flaca y bella, posando en San Sebastián, y ni eso pudo bajarle la resolución a mi ánimo, aun cuando después mis recientes viajes -de negocios y placer- siento que mis pasos son los de un gato bodeguero.

Pero, en realidad, yo vengo con las dos del día:

1. ESTACIÓN

Artículo lo.

hay que tocar el piano

en la balsa de los andenes.



Mientras las locomotoras bufan su impaciencia

las arañas tejen

sus telas con hilos de música

para apresar la mariposa eléctrica.



La mecedora

sube por los peldaños de las notas

y un pájaro se deshila

en una overtura fascista

me perdí en la noche lamida de sus medias.

¡Cómo pesa este techo!

Allá fuera una rosa está pidiendo auxilio

y pensar que los postes se mueren de fastidio.



Einstein no ha descubierto

quién inventó las moscas.



Era tan jugosa

de imposibles su boca.



Al fin sus manos se hicieron pedazos.

Pero a pesar de todo

un grillo da su conferencia

interceptando

el mensaje

crispado

de las estrellas.

---

Germán List Arzubide.

2. Wild Beasts, “All the Kings Men”

domingo, 6 de septiembre de 2009

De últimas, los títulos me crean conflicto

En la mesa estaban cinco personas: una joven de veinticinco años de aspecto lánguido, como de recién egresada de una clínica para gente con desórdenes alimenticios, un hombre de sesenta, con el pelo casi blanco, con camisa de franela a cuatros, de esas que usamos algunos a los quince años, mientras en nuestros walkman sonaba el Sailing The Seas of Cheese de Primus. A veces me daba por escuchar Black Metal, pero ahora sé que sólo lo hacía porque a Beto, el según yo guapo del salón, le gustaba todo el linaje metalero de esa época. Urgida estaba entonces de pretextos para acercarme a él. Un día me pidió que escuchara una canción, se quitó uno de sus audífonos y lo dirigió a mi oído, me acerqué, yo misma introduje la pastilla a la mi oreja y quedamos frente a frente a milímetros de distancia. Sonaba a voz de Philip Anselmo, pero a decir verdad a ciencia cierta no reconocí ni a la banda, y mucho menos la canción: mi mente estaba estacionada en la cercanía, como venado que se congela al tropezar con las luces de la carretera. Lo único que quería era que el momento –que tanto había deseado– concluyera de inmediato. Lo de siempre: quería volver a la territorio de la fantasía, esa deliciosa zona de confort.

En la mesa estaban también una señora gringa, delgada, entusiasta, tengo la impresión de que aquellos que visten ropas en cuyas etiquetas reina la leyenda “100% Cotton”, están dotados de un optimismo consecuente. A veces creo que vestir algodón de pies a cabeza y calzar diario tenis me haría una mejor persona, eso y tomar todos los días té verde, hacer una caminata diaria por las mañanas, dejar la lactosa, el gluten y a aquella zorra a la que hemos denominado: zona de confort. Asimismo estaba otra señora, de mirada taciturna, fan de Carlos Castaneda y un considerable sobrepeso a cuestas, y al final: yo, situada al lado de la puerta del cubículo privado en uno de los supuestos mejores merenderos de Chinatown. El mesero se acerca a tomar la orden, y yo como única audiencia, el telón se levanta. Nadie sabía nada, se entretejía una maraña de oraciones de sintaxis malparida de tres lenguas en acción, los nombres de la tradición culinaria china rebotaban en las miradas de los cinco comensales, fue como presenciar el big bang de una isoglosa de la vida cotidiana.

“You have a charming way with words. Write a letter this week”, me dijo la galleta de la fortuna. Debí hacerlo. Debí aprovechar las agallas que da la lejanía, escribir dos o tres líneas insulsas y darle “send” sin pensar, pero no. Soy un ciervo que se congela con las luces de carretera.