martes, 16 de junio de 2009

Rufino

Ya entiendo: quien dice sentir antipatía por los gatos no hace más que manifestar su ardidez (nunca ha sido amado por uno).

@terciopelo


/La chica que me asiste y con la que comparto oficina cortó esta mañana con su novio. Y tal como dejé saber en Twitter, estar al lado de un corazón roto me perturba. Soy de las típicas incapaces de dar un pésame con la naturalidad con la que lo hacen algunos viejos: mi abuela por ejemplo. A ella le encantaban los velorios, ponerse sus galas de encaje negro e ir a rezar rosarios eternos, especiales para la ocasión con un chingo de bonus tracks. Le latía, me caía bien ella, pero bueno, volviendo al caso de mi compañera, me dijo a media mañana si podía decirle en dónde se cambiaba la contraseña de su Facebook, supongo, su ahora ex novio la conocía o algo así: esas cosas tan simpaticonas que suceden extrañamente en cierto tipo de relaciones. Curiosamente luego de unas horas llegó mi editor a decirme si podía enseñarle a cambiar su contraseña, pero ahora de su Gmail. Al estarle picando a mi cuenta para encontrar esa función noté que tenía bloqueado el email de vato que ahora, si bien no amo, ya me es completamente inclusive. Esta persona fotografíó a Rufino hace como tres veranos, y es la imagen que más me gusta de mi gato. De bebé le gustaba dormir bajo mi edredón y meterse a las bolas de plástico. Era más bien del tipo huevón, es decir, las aves lo rondaban sin temor a ser cazadas, su hobby era contemplar pájaros y maullar a deshoras. Era un gato puramente de ornato (aunque parezca pleonasmo. Hace una semana murió. Citaré unas palabras que hallé hace mucho en el blog de David Miklos -mismo que no linkearé porque luego me escribe para decirme no entiende lo que escribo pero que agradece que lo mencione- que un amigo suyo “entrañable” le envió al enterarse de la muerte de su perra. Lo hago porque me parece la disertación más exacta en cuanto a la pérdida de una mascota. Nada fuera de proporción, nomás lo que es. Aquí va (osadía, la mía):

Lamento mucho lo de Lola. Las mascotas forman parte de nuestras relaciones con el mundo y con lo vivo, y de ahí su importancia. Nunca me ha interesado "humanizar" nuestras interacciones con los animales, pero a falta de un mejor lenguaje a veces es necesario y sé lo que es querer mucho a un animal y el tipo de relación tan estrecha que uno puede tener con ellos. Es algo que oscila entre la familia y la amistad (ambas fundamentales).

Si son de los incapaces de dar pésames, pueden practicar conmigo y mi desazón: lo apreciaré.





10 comentarios:

  1. Yo me considero buena para dar felicitaciones, pero incapaz de expresar pésames. Quisiera practicar contigo, pero la verdad no sé lo que es perder un gato. Un perro sí, debe ser parecido. Cuando se murió mi perro, mi papá me explicó qué era la muerte: "llegar a visitar a tu amigo y no encontrarlo".

    Eso creo que no es un pésame, ¿verdad? Te digo... Al final siempre termino usando el más trillado: "no te sientas mal, él ya está en el cielo de los gatitos (o perritos, o changuitos, o lo que venga al caso).

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  2. Y me olvidaba de decir que, respecto a tu amiga, lo mejor es callar. Los que no sabemos condolernos de esas cosas terminamos pecando de franqueza, diciendo cosas como "qué bueno que mandaste al diablo a ese idiota, nunca me cayó bien, ya encontrarás alguien mejor". Sólo para mordernos la lengua dos días después, porque ese tipo de novios siempre vuelven.

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  3. La novia de mi gato Lua murió hace un par de días... el pobre está inconsolable =-(

    eso sí, el post es lindo...

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  4. Es que es así, se llega realmente a querer mucho a las mascotas, los gatos, los perros. Así que su desaparición causa mucha desazón, tristeza. Se llega a extrañar mucho la presencia callada, su pelaje, acariciarlo.
    Mi más sentido pésame. Esto de las mascotas cala hondo.

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  5. Lilián, y sabes que el atraco del que fui víctima fue en ese hostal donde tú te hospedaste. Por cierto, ¿qué tal estaba? ¿Bueno y bonito o ahí nomás? Digo, me surgió la duda.
    Abrazos *_*

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  6. Pues está medio equis, la verdad, digamos: cumplidor. ¿Pero cómo que fue ahí?, ya ves que mi atraco se suscitó a uno metros del susodicho. Pinche barrio gótico malilla, qué malviaje...

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  7. no llego en buen momento
    y lo siento
    en verdad

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  8. Lilián, esa frase con la que inicias, me da mucha risa, el otro día también una chica hizo todo un articulo acerca de los amantes de los gatos y los no amantes, y bueno yo caigo en el de antipática hacia los felinos, y más que antipatía es que, simplemente me causan alergia, y no está divertido...que pena lo de tu gato, yo no sé que haría si un día le pasara algo a mi Stella, la tengo también desde pequeña, tampoco soy buena con los pesames, que bueno que tienes, unas lindas fotos para recordar a Rufino.

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  9. Llegué bien tarde al post. Lamento mucho que Rufino ya no esté contigo. :(

    Supongo que supones que la muerte de un gato me supone pesar auténtico. Hasta escribo poemas malos, con rimas involuntarias. Mira:

    http://laluzintermitente.blogspot.com/2006/10/la-muerte-no-es-para-los-gatos.html

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  10. Yo tengo muchas historias de amor inagotable con varias mascotas. Desde niña he estado acompañada por alguna y la verdad es que los perros han sido mis maravillosos compañeros. Sin embargo, desde que salí de casa de mis papás tuve que optar por un gato ya que son independientes, inteligentes, limpios, amorosos y excelentes guardianes anti roedores y bichos rastreros. Honestamente no estaba muy convencida pues me había acostumbrado demasiado al comportamiento canino, siempre tan efusivo e incondicional, pero dos veces Rabioli, el primer gato de mi historia, me demostró cuanto amor son capaces de entregar, juro que me cuidó toda una noche que estuve enferma y que me defendió de un ex novio en una discución escandalosa. Actualmente Thomas es mi compita felino, lo adoro con todo mi corazón y deseo que perdure por un buen rato.
    Sé lo que es perderlos. Nuestro más sentido pésame de mi parte y de Thomacito.

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