viernes, 29 de mayo de 2009

El celular perdido y hallado en el banco

/Hace unos días creí haber perdido, por vez incalculable, mi celular. Marqué a mi número y, sorpresivamente, me tope con un “deja tu mensaje”, que supongo yo misma grabé al configurar el buzón. Se sabe pues, que escuchar la voz propia es especialmente perturbador, hasta escalofríos me dan cuando me escucho en las grabaciones en entrevistas queriendo formular una pregunta cuya retórica son una serie de palabras –unas más grandes que otras– persiguiéndose hasta provocar un efecto dominó anárquico. Las oigo, sonrío a medias, agacho la cabeza y transcribo. Pero aquel: “deja tu mensaje” sonaba al sintagma de un emisor callado y ausente. Aun así sentí lástima de escuchar esa voz tan mía y no saber dónde buscarla.

Y nada, al final resultó estar al fondo del anaquel del cajero de un banco. Le di a cambio de mi aparato un muffin de chocolate, y no dijo nada: sonrío a medias, agachó la cabeza y siguió tecleando.

/Sigo aturdida y aletargada. Pero me aguanto como las machas, así que, a seguirle: hoy se inaugura Radioglobal en el MAZ, luego fiesta en la Seattle

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