martes, 21 de abril de 2009

Volcanes debajo de la cama

Leo una novela en donde se dicen las cosas tan “aburridas y extrañas” que pasan en los sueños. El separador del libro pertenece a una “Semana de la cultura”, de abril de1997, estaba en esa época por cumplir los dieciséis. Los sueños son aburridos sólo si son narrados. Sé de gente que los escribe religiosamente, o peor aún, sé de quienes los platican y detallan con tal viveza que dan lástima. Hace cuatro días soñé que la ventana de mi cuarto daba a una bahía, pequeña pero hermosa, en medio del vaivén de las olas emergía del océano una especie ciervo marino gigante, mismo que daba a luz a una creatura distinta a él. El parto era como el de los humanos, viscoso, lleno de fluidos y membranas. Antes de tener el empleo que tengo ahora, tuve que ir en una ocasión a un pueblo insignificante en la frontera con Canadá para hacer un reportaje, pues, según dicen, el poblado aquel es la cuna del deporte yankee por definición. Pasé por Woodstock y luego por Fenicia, ambos poblados habitados por rucos ex hippies con ropa batik y mirada de sobrevivientes de un suicidio colectivo, luego vi a un ciervo, nunca había visto uno. Lo vi que se asomaba titubeante a la carretera, uno, dos, tres segundos y en seguida lo perdí de vista. Me sentí como niño japo que jamás ha estado frente a una gallina con sus pollos. Sé de quienes en su tierna infancia jugaron tenis y usaban como pelota pollos de colores. Llegué a Cooperstown e hice mi reportaje. Descubrí, entre muchas cosas al margen del deporte yankee por definición, que existe la leyenda de un monstruo acuático. Cooper, se llama. Parada en el bus stop, en la espera del camión que me llevaría de regreso a NYC, me encontré un grupo de maletas solas. Me dieron tristeza. Pero a la media hora llegó el hombre al parecer dueño del equipaje. Le pregunté por qué dejaba sus cosas y me respondió que quería desayunar en el merendero que quedaba a unas cuadras del bus stop y obvio, no quería cargarlas, ¿para qué? Tanta confianza ofende, me dije. El sábado estuve tomando el sol en un club caro, estuvimos en una mesa con sombrilla y echaderos y antes de ir al baño y dejar sola la mesa con nuestras cosas cerré mi bolso, minutos después sentí la vergüenza cáustica de los que desconfían de alguien. Después vimos pasar varios pares de tetas operadas. Qué bien lucen las mentiras caras, me dije. Las mías no son mentiras pero quiero quitármelas, la verdad en exceso es dolorosa. No soy de las que contemplan la posibilidad de someterse a cirugías estéticas, pero la idea lleva días en mi cabeza como rueda de la fortuna. Según el psiquiatra la infelicidad se debe en gran medida a que, aun cuando la conducta jamás gire en torno a la imagen que los demás tejen con el hilo que fabrica la exterioridad, “tu actual oficio siembra de alguna manera la hortaliza del ‘qué dirán’. Soñar un ciervo pariendo a un ser de distinta especie significa que no te gusta tu trabajo”.

1 comentario:

  1. Yo soñé anoche que caminaba sobre la superficie congelada de una alberca. No sé qué signifique. Pero me gusta mucho cómo llevas este texto. De verdad, ¿no te gusta lo que haces? Y, ¿has pensado en qué te gustaría hacer? ¿Editora de Vogue?

    lol

    Besos.

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