cierra la puerta al salir
domingo 25 de diciembre de 2011
2011, lo suyo y lo mío
miércoles 2 de noviembre de 2011
miércoles 21 de septiembre de 2011
Ya mejor hay que jugar a otra cosa, como estilo de vida
sábado 23 de julio de 2011
Este no es otro tonto post sobre comida
/En la canción “El sonidito” hay de pronto una frase en la que supongo, hace un homenaje involuntario a Magritte. Me gusta por eso y creo que podría acompañarme por el resto de mi vida.
/Hace poco estuve en una playa de Nayarit, de esas nada exclusivas, en donde abundan los niños con flotadores, vendedores de artesanía costeña y abuelas que preparan de comer. El agua estaba caliente y apenas si había oleaje. “¿Te fijas que ninguna de las mujeres tiene buen cuerpo?, sin embargo, todas salen del mar sonriendo, es como si aquí la gente viniera a emanciparse de la forma”, me dijo después de un largo silencio –uno que mi familia logró hacer pese al barullo– mi madre.
/El lunes tengo una entrevista y me preocupa no llevar el atuendo correcto. Se supone que este evento definirá el posible inicio de una carrera académica. Qué lamentable fracasar en el íncipit, es como nunca llegar al orgasmo, o tener varias novelas comenzadas apiladas en el buró, o como vivir cualquiera de mis piezas sueltas que hacen las veces de historias de amor.
/Update: Por el momento ya no habrá música. Blogspot y la maldita Digital Millennium Copyright Act, me amonestaron.
miércoles 15 de junio de 2011
Hoy
martes 31 de mayo de 2011
30

/A unos días de cumplir un año de vivir en la ciudad de México, me es aún imposible dejar de establecer comparaciones de tipo gastronómico. El paladar de los tapatíos es extraño. Va desde del minimalismo de la torta ahogada (y sus correspondientes derivados: torta ahogada de camarón, de sushi, lonche bañado, hamburguesa ahogada, lonche Gemma), hasta aberraciones barrocas tales como los famosos “biónicos”, platillo que consiste en receptáculo con fruta variada bañada en yogurt, crema, leche condensada, cereales varios, coco rayado y tal vez hasta lunetas para dotarlo del toque de color. Fue lindo ver la cara del par de chilangos al que les explicamos dicha “delicia” jalisquilla mientras viajábamos en una camioneta camino al centro de la capital.
Esto salió a cuento gracias a la anécdota que R compartió en ese trayecto. Contaba de una prostituta, a la que conocimos un día en un congal de Guadalajara, que soñaba con llegar a tener su propio negocio. Un puesto de biónicos, por ejemplo.
/En unas horas cumplo 30 años y me invaden las ganas de no querer describir mis sentimientos: un bonito clásico del heavy metal. El primero regalo que recibí fue la imagen que ilustra esta entrada, capturada en alguna calle de Buenos Aires. El segundo es este mixtape, basado en canciones publicadas en el año en que nací. El tercero el mío a mí: flores y una caja de Tafil con noventa tabletas.
Dentro del marco de la “Cero tolerancia a la frustración”, doy la más cordial bienvenida a esa bonita etapa en la en la que contemplas con admiración a las bellas veinteañeras, siempre y cuando no las veas con un hombre que haya roto tu corazón*. Hola, treintas, ya estoy aquí.
/Lista oficial XXX aniversario:
“No Words”, Xymox
“All The Little Lights Going Out”, The Village Orchestra
“Thirty Incoming”, The Books
“She Don't Dub”, Andreas Tilliander
“Domingo 14”, Antna
“Hazenomix”, Audiofem
“Can You Believe It?”, Fog
“Closer Musik – Maria”, Ellen Allien
“October Love Song”, Rework
“Diving in Whiskey”, T.Raumschmiere
Descarga acá.
*Carrie Bradshaw dixit.
domingo 24 de abril de 2011
Emorabilia
No sé por qué encuentro algo de místico en lavarme los dientes y luego tomar medio Tafil con el agua que tengo en una mesa pequeña que hace las veces de buró. Pero antes de que esto ocurre disfruto de ver, mientras me los cepillo frente al lavabo, que en el baño conviven más de dos cepillos que me recuerdan a sus amos ex profesos. Pienso en ellos y me reconforta saber que como yo, no son capaces de viajar y traer consigo su cepillo del diario (bueno, uno siempre con la urgencia de hermanarse con la torpeza).
Luego, supongo, terminaré por guardar cada uno en bolsas ziplock con el nombre de su dueño y vivir el gozo de poseer otro registro inútil.
¿Las pastas de dientes para niños todavía saben a chicle?


